matrioshka
1.
Cuando era niña a mi madre le gustaban las matrioshkas, pero
no le gustaban las muñecas... tenía dos y a ratos las vestía de rosa y blanco,
cuando había gente, cuando la estaban mirando, cuando salía a pasear;
pero a ratos, cuando nadie la veía, les cortaba los pelos,
o les dejaba rayones y manchas con su color morado.
La muñeca peliroja ya parecía hasta tener los ojos tristes, y la muñeca más grande ojos de enojo.
Ahhh pero la matrioshka! traída de regalo directamente desde Rusia por aquel hombre pudiente,
esa sí era admirada, cuidada... se le quitaba el polvo, se le decía lo bonita que era
y se la presumía frente a vecinas y familiares,
esa matrisoshka rusa tenía su sitio en un lugar alto para que nadie pudiera usarla, desarmarla y mucho menos dañarla.
A mi madre no le gustaban las muñecas.
2.
matrioshka: qué tan profundo podré llegar en mí?
cuánto aún no he descubierto?
el dorado del exterior se corroe y desaparece conforme abres el loop, ahora todo es óxido, algo antiguo y olvidado... y al final, dentro,
estás tú y no estoy yo,
tu y otros miles, tú y todos
pero no estoy yo.
3.
Metían la mano debajo de las remeras como mojarras desesperadas peleando por una miga de pan,
así son mis tetas de niña, migas de pan flotando, hundiéndose, desintegrándose
en la saliva abundante del deseo adolescente, desconocido, prohibido, egoísta, sucio.
Migas de pan que a los 11 años ya despertaban la lujuria de la mojarra de adultos conocidos y desconocidos, desesperados y sucios.
Cuántas capas más necesitaré encima para por fin desaparecer?



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