10.01.2026

El niño-hombre-luz

Pocas veces en mi blog dejo textos de alguien más, pero resulta que "alguien más" capturó la preciosidad del amor eterno en un puñado de frases, y resulta que yo, (alguien a quién siempre le conmovió particularmente la finitud de lo infinito), quiero también dejarlo acá, dejarla... dejarlos... en un intento desesperadamente inútil e inmensamente amoroso, de que el sueño dure un poquito más...


Relato onírico: 🌌🌠 Sueño que ocurrió.


Al despertar encendi una lámpara.

La casa respiraba.

No era la casa de ahora ni la de antes.

Era ambas.

La pintura descascarada de mi infancia convivía con la lámpara que encendí esta mañana.

Y yo caminaba por sus pasillos con los pasos de niña y el corazón de mujer.

En la cocina, alguien reía.

Era un niño.

Pero también era un hombre.

Y también era una luz.

Lo llamé por su nombre y el nombre se convirtió en eco, como si atravesara capas invisibles del aire.

Él me miró con ojos que habían visto el principio y el final, y me dijo:

—Nunca me fui.

Entonces comprendí que el tiempo era apenas una costumbre humana,

una forma de ordenar lo infinito.

Las paredes comenzaron a transparentarse.

Detrás de ellas corría un río luminoso.

El agua no avanzaba: vibraba.

En cada destello aparecían escenas:

una caricia, una discusión, un abrazo, una despedida, una canción elegida una tarde cualquiera.

Todo sucedía ahora.

Intenté recordar qué había ocurrido primero.

Pero el intento se deshizo como polvo de estrellas.

El niño-hombre-luz tomó mi mano.

Su piel era tibia y eterna.

Sentí que en su pulso latían todas nuestras edades al mismo tiempo.

—Mira —dijo.

Y vi.

Vi que cada instante vivido no se pierde.

Se expande.

Como ondas en un lago que no tiene orillas.

Vi que la ausencia es solo una forma de la presencia.

Que el ayer no está detrás, sino dentro.

Que el mañana no está adelante, sino latiendo.

La casa desapareció.

El río se volvió cielo.

El cielo se volvió silencio.

Y en ese silencio comprendí que no había llegado a ningún lugar.

Siempre estuve allí.

Abrí los ojos.

La lámpara seguía encendida.

La noche y el día respiraban

Alguien, en algún punto sin coordenadas, pronunciaba mi nombre.

No supe si desperté del sueño

o si el sueño despertó de mí.

Y quizás, mientras lees esto,

también estés caminando por esa casa

donde el tiempo no existe

y todo lo amado

sigue ocurriendo.

 _________________ThaliMoni (30/09/2026)